Mi primera entrada. Y creo que es justo que se dedique a una serie mítica, Buffy, un gran hit televisivo que ha sido trasplantado al comic. En fin, he tenido ocasión de leer el comic, hasta el número 35 (la temporada son 40, a uno por mes, llevará ya cuatro años saliendo). Y bueno, siendo obra de Joss Whedon, es evidente que tiene un profundo mensaje feminista, sobre la realización de la mujer y sus conquistas sociales en una sociedad patriarcal y todo eso, así que voy a comentar algunas cosas que me han llamado la atención. Obviamente, aviso que todo lo que viene a continuación contiene spoilers hasta el capítulo 35 del comic.
La temporada, en sí, es una aproximación, de manera simbólica, a la vida de una mujer ejecutiva, máxima responsable de una empresa de implantación mundial, que ronda la treintena de años. Para quien haya visto el show televisivo, recordará que, si tomamos ser caza-vampiros como un trabajo, Buffy va pasando por las siguientes categorías profesionales: al principio es trabajadora por cuenta ajena, con un jefe jerárquico inmediato, Giles, que a su vez tiene un jefe superior. Ese es su status hasta el final de la tercera temporada, donde Buffy se independiza. En cierta manera, se convierte en autónoma, siendo ella ahora la jefa, ayudada por unos cuantos amigos-compañeros. Vamos, una pequeña empresa. Esta situación dura hasta mitad de la séptima, donde, por así decirlo, la empresa crece y se convierte en mediana, teniendo ya Buffy a decenas de empleadas a su mando. Así acaba el show televisivo.
En la octava temporada, en el comic, desde el principio Buffy está en la cúspide de una macro-organización con implantación mundial, con sucursales por todo el planeta. Buffy está al mando, y ya no es la benjamina, sino una mujer a la que sus empleadas, más jóvenes que ella, le tratan como señora. Los tiempos de juventud han pasado, y ahora está en plena madurez laboral y personal. Desde cualquier punto de vista profesional, su carrera no podría por más que considerarse como exitosa, porque es el primera entre un grupo de privilegiadas, lo mejor de lo mejor del mundo, mujeres extraordinariamente fuertes.
Esto conlleva sus problemas. Vivimos en un mundo patriarcal, donde los hombres han ejercido, controlado y distribuido el poder. Donde, de manera individual, hay mujeres que a lo largo de la historia han tenido el poder; por poner algunos ejemplos, la Reina Cleopatra de Egipto, la Reina Teodora en el Imperio Bizantino, Isabel la Católica en el imperio español, Juana de Arco, que comandó ejércitos en Francia en el siglo XV, o más modernamente, Margaret Thatcher, primera ministro inglesa en la década de los 80 del siglo pasado, o la más actual Angela Merkel, que gobierna en Alemania. Mujeres que han gobernado o gobiernan individualmente, pero rodeadas por un sistema dominado y ejecutado por hombres. De hecho, esa es la historia de la cazadora, una sola mujer, con poderes místicos, en una sociedad patriarcal que la controla, al mismo tiempo que le pide que la proteja… hasta el episodio final de la séptima temporada televisiva, donde todas las potenciales cazadoras obtienen automáticamente sus poderes.
Así, en la octava temporada ya no hay sólo una super-mujer, sino que hay miles, que se organizan y gobiernan entre ellas. Y Whedon se pregunta; cuando sólo había una, el sistema antiguo lo soportaba, porque es evidente que una sola mujer no va a poder controlar el mundo. Pero; ¿cómo reaccionaría el sistema social tradicional cuando hubiese miles de super-mujeres, con capacidad para convertirse en una especie de gobierno mundial en la sombra? Su respuesta es obvia, claro: lo verían como un peligro que atacaría los cimientos de su sociedad patriarcal. Por tanto, deberían ser controladas, atacadas y, si es necesario, exterminadas. Y esto es lo que pasa en el comic, donde el mundo le declara la guerra a las cazadoras. Así, tenemos el primer big-bad de la temporada, el sistema social tradicional, el universo tal y como lo conocemos. Y sí, realmente, la visión que tiene Whedon de la sociedad actual no es precisamente positiva que digamos; más bien muy pesimista.
Todo lo anterior se refiere a la historia a nivel global. Pero, al mismo tiempo, dentro de esta guerra mundial contra las cazadoras, hay una historia a nivel personal, la de Buffy. Ella se encuentra en un momento crucial de su vida, donde debe decidir entre un cruce de camino, entre su felicidad individual y su responsabilidad laboral, entre la relación de pareja y la relación con sus amigos y su familia. Buffy se encuentra en la cúspide profesional, pero su vida personal no puede ser más triste. En los primeros capítulos vemos como echa de menos su vida sencilla en Sunnydale, su casa, sus parejas anteriores. Sufre una gran presión en su trabajo que le impide encontrar una relación sentimental estable. Primero lo intenta con una empleada, Satsu, pero no funciona, porque mezclar trabajo y amor es una fórmula casi imposible de compaginar. Después se fija en un viejo amigo desde el instituto, que siempre ha estado a su lado, Xander, pero es demasiado tarde, porque él se ha enamorado de su hermana Dawn.
Así, sola, triste y humillada, se encuentra con que, un buen día, reaparece en su vida su primer amor, Ángel, para hacerle una proposición casi imposible de rechazar. El primer amor siempre es especial; se tiende a idealizar, se olvida lo malo y se mitifica lo bueno; es un amor, en cierto modo, platónico, que queda en la esfera de la fantasía, de la eterna historia de Romeo y Julieta. Cuando Ángel llega, le promete un futuro perfecto, vivir en el Edén, en un espacio de amor y felicidad completa, sin problemas, sin obligaciones, sin trabajos: sólo pura y completa felicidad en el paraíso. Fácilmente, podríamos trasladar esta historia a la vida real; imaginemos a una alta ejecutiva treintañera, viajante por el mundo. Tiene un alto status social, gana mucho, mucho dinero, y posee una casa de lujo… donde las pocas veces que su exigente trabajo le deja descansar y pasar unos días en ella se le cae encima, cons sus sobrias paredes y sus estruendosos silencios, porque está allí sola; no tiene novio, ni ha tenido tiempo para formar una familia en su absorbente vida laboral. Y, en su día más triste, cuando más sola se siente, aparece un viejo amor de juventud que le propone en matrimonio, que le promete ocuparse de ella, pagar sus gastos, su vida, para que ella solo tenga que ocuparse de él, de su casa y de sus hijos. Así, podrá vivir feliz el resto de su vida, sin complicaciones, sin problemas, en una hermosa casita en las afueras con jardín.
Aunque al principio Buffy cae en la tentación, acaba desechando la jaula de oro, la trampa que Ángel y el universo a través de él, le ofrece, y decide volver al mundo real, con sus amigos, con su familia. Un mundo donde hay problemas, donde uno nunca sabe lo que le espera, pero donde sé es libre. LIBRE. Y este es el mensaje feminista de Whedon en esta temporada; para una mujer, lo cómodo es aceptar que el sistema social se ocupe ella: encontrar un hombre que la ame y la cuide, que la proteja a ella y a sus hijos. Vivirá sin problemas, pero realmente no será feliz, porque no es libre, porque no podrá realizarse por sí misma, sino que lo hará en función de los demás: el sistema, su esposo y sus hijos. Por tentador que sea esta trampa seductora, una mujer tiene que huir de ella si quiere tener valor por sí misma. Así, el segundo big-bad de esta temporada es Twilight, es la relación entre Angel y Buffy, entre Romeo y Julieta. Una relación de pareja donde la mujer está subordinada al hombre y a la sociedad patriarcal, que deciden su vida y su destino por ella.
Queda el final de la temporada, los últimos cincos capítulos del comic. Me imagino que el mensaje final que Whedon querrá lanzar es que el camino que debe seguir una mujer fuerte e independiente es no dejarse seducir, por tentador que sea, por las trampas que pone el sistema social actual. Por el contrario, debe rechazarlo y buscar un hombre que la quiera por lo que es, una mujer fuerte e independiente con gran personalidad, que no la quiera encerrar en una jaula de oro, sino que la apoye en su trabajo y confíe en su criterio. Y me imagino que ese papel lo hará Spike, claro, que ha aparecido en plan Mad Max al final del capítulo 35. Aunque, siendo como es Whedon, dudo mucho que la cosa acabe con un happy End y con Buffy y Spike siendo felices y comiendo perdices, sino que más bien la cosa acabará de manera trágica, jeje, con varias muertes terribles y heroícas de personajes importantes. En fin, dentro de unos meses lo sabremos.
Bueno, esta es mi visión general de la octava temporada de Buffy. Con el tiempo, iré haciendo un análisis más concreto sobre los distintos arcos de la temporada (Time of your life, Retreat, etc.) y de las historias de los demás personajes.

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