Escrito, dirigido y protagonizado por Charles Chaplin. Antiguamente, el proceso creativo era mucho más básico que hoy en día, lo que permitía más control sobre la obra. Eran relativamente comunes los ejemplos de guión, dirección e interpretación realizados por la misma persona. Época romántica, sin duda.
El principio es una síntesis: “Tiempos modernos; una historia sobre la industria y la iniciativa individual; la cruzada de la humanidad en busca de la felicidad”. Qué grande, de verdad; una meta dentro de la misma película; un resumen de su idea, una burla de su propia satírica. Evidentemente, en los principios del cine no había el concepto de subtexto y de simbolismo, así que había que pre-preparar al espectador para que entendiese el sentido de lo que iba a ver.
El gran hermano que controla toda y vigila todo; cámaras de vigilancia y videoconferencia del ser supremo, más comúnmente llamado jefe, instantánea en cualquiera lugar de la fábrica. Muy avanzado para su época. De hecho, casi un siglo después, es un concepto muy reciente y plenamente actual. Una de las grandes decepciones del siglo XXI es que las ideas que se generaron el siglo anterior no han sido todavía superadas. En la década de los sesenta, se pensaba que antes de acabar la centuria todo el mundo tendría su mochila volante propia y tendría plena independencia tanto para surcar la tierra como el cielo. Esto no ha pasado; de hecho, seguimos limitados a las capacidades energéticas del petróleo, como en aquellos años.
La industria manufacturera: una máquina que controla a una máquina que controla a otra máquina, donde la frontera entre seres de metal y de carne y hueso se hace difusa. Aquí hay una escena mítica que ha pasado a la historia del cine, con Charlot pasando por los engranajes de la máquina, quintaesencia de la sociedad industrial. Cuando aumenta la velocidad de la producción, todo se ajusta al nuevo ritmo, sean máquinas u hombres. A veces falla, claro, como cuando se introduce una máquina para comer, porque hay determinadas conductas que se pueden mecanizar, pero hay otras que no, claro. Pero la cuestión es intentarlo, porque cuanto más se deshumanice una fábrica, más productiva será. Esta es una idea muy recurrente en la ficción; hombre=error humano y máquina=perfección, que ha sido explotada tanto para realzar que, tanto los sueños del hombre como los de la razón, producen monstruos. Por supuesto, para Charlot, el hombre mecanizado acaba enloquecido, irónicamente, por la insufrible monotonía.
El concepto del personaje que estando en el lugar equivocado y en el momento erróneo, se mete en un lío completamente ajeno a él y se convierte en héroe sindical. Como la Guerra de las Galaxias, vamos, pero en plan sindicalista. Curioso que haya letreros en español como libertad y unidad entre los slogans de los manifestantes, como Libertad y opresión. Está claro que el peso de la comunidad hispana en ciertas ciudades industriales de Estados Unidos ya se empezaba a notar en aquellos años.
Robar para comer; y el concepto de huerfanitas de madre y con el padre en paro. Y la chica va siempre con los pies descalzos, símbolo de extrema pobreza, en un país donde los zapatos eran la última frontera entre vida y mendicidad. Esta película refleja los terribles años 30 en Estados Unidos, tras el crack económico de 1929. Años de paro, hambre y miseria, y de presos políticos, algunos de ellos ejecutados, como Sacco y Vanzetti; a la gente se le detenía por sus ideas en aquellos años.
Un colocón de droga que da el típico ejemplo de héroe por accidente, tan comercializado modernamente en el cine y la literatura. Mucha ironía, en verdad, en que la droga sea inesperada causante de su buena fortuna posterior. Evidentemente, hoy día esa escena no se habría podido emitir, hubiese sido censurada.
Disturbios y pobreza. Muere el padre de las huérfanas. Drama, por supuesto, en una película de risa. Curioso. Este es un concepto muy típico de Charlot, mezclar de manera absoluta dos conceptos tan antagónicos entre sí. Eso es algo que apenas se hace, porque es muy complicado escribir guiones donde una cosa no obscurezca la otra; el drama acabe con las risas, o las risas desvirtúen el drama. Poca gente es capaz de mezclar los dos conceptos; quizá Joss Whedon es el único que lo logra.
Una celda de oro; mientras fuera, en libertad, se mueren de hambre, número 7 vive la fantasía del zoológico, donde los animales viven enjaulados pero con una viva cómoda y sin sobresaltos. Una metáfora sobre la vida moderna, donde se sacrifican sueños en aras de la estabilidad y la seguridad. Ya se sabe; cuanto menos se arriesga, menos se tiene que perder, pero también menos se tiene que ganar.
Cuando le dejan libre, se encuentra con la disyuntiva de que Libertad=hambre, prisión=comodidad. ¿Cuánta gente preferiría lo primero y cuánta lo segundo? Un interesante debate filosófico. Por supuesto, cuando ve lo duras que están las cosas fuera, en la selva, hace todo lo posible por volver a la cárcel. Hasta que se encuentra con otra curiosa alternativa: la comodidad o el amor. ¿Hay algo mejor que una cárcel de oro? Por supuesto que lo hay, piensa Charlot: una mujer. Ah, la divina inocencia de los años 30. Qué romántico. Por cierto, la chica va descalza y lleva ropas raídas, pero el maquillaje de la cara es perfecto, claro. Gracioso.
Je, je… Está claro que en aquella época la gente iba directa al grano; apenas hace unas horas que se han conocido, y ya están pensando en tener una casa y formar una familia. Sin duda, es lo que se dice amor matrimonio a primera vista. La vida es sueño, claro, y los sueños sueños son. Suena “Smile” de música de fondo, como no puede ser de otra manera, una canción mítica siempre asociada a Charles Chaplin.
Un vigilante que se rompe la pierna supone un golpe de suerte; la vida es así; la desgracia de unos es la suerte para otros. Los dos, él con su nuevo empleo y ella disfrutando de una noche en el paraíso, parece que han encontrado su lugar en el mundo. Sin embargo, aparece el pasado; Big Bill de la fábrica de acero, ahora convertido en atracador. Honrados trabajador convertidos en ladrones para poder comer; uno de los grandes dramas de los años 30. Aquí tenemos un nuevo ejemplo de la bondad humana que impregna Tiempos Modernos; Charlot se auto inculpa del robo. Pasa diez días en la cárcel.
Una casa vieja abandonada; más vale eso que nada. La felicidad no depende tanto de lo que se tenga, sino de con quién se esté. Un mensaje muy poderoso que hoy día tiende a olvidarse, por eso.
Reabren la fábrica; simboliza el final de la época más dura de la depresión económica. Vuelve a haber trabajo. Y al poco tiempo, hay huelga otra vez. Paro-trabajo-huelga-disturbios-cárcel-paro. El ciclo infernal que no se detuvo en mucho tiempo y que bloqueó el sistema social y económico.
Un golpe de suerte convierte a la pobre indigente descalza en Bailarina de café. Por segunda vez, va a esperarle a que salga de la cárcel. Pera la situación ha cambiado; la primera vez era pobre y había encontrado una casa; ahora era una mujer trabajadora con posibles (tiene hasta monedero) y que además le ayuda a conseguir empleo. Pero la vida es dura. Cuando parecía que habían encontrado el trabajo ideal para los dos, deben salir huyendo. La tragedia, en fin, que nunca les abandona. La vida es dura, ya se sabe, y la tostada siempre tiende a caer del lado de la mantequilla.
Sin embargo, de la amargura final surge un nuevo amanecer. Solos en la desértica carretera, vuelven a levantarse y siguen adelante, hacia el futuro. Y es que el mensaje final, el sentido de la existencia humana, es obvio; siempre luchar, nunca rendirse ante las adversidades, afrontarlas con entereza de ánimo y alegrarse simplemente por estar vivo. Porque, ya se sabe, no está muerto quién camina.
Just smile.
